Cuando la asturiana Corín Tellado publicó su primera novela rosa en 1946, la radionovela ya había conquistado a los oyentes, desde sus inicios en 1937, en La Habana, Cuba, raíz fundamental de las telenovelas que hoy vemos por Televisión
El melodrama electrónico tomó relevancia cuando un escritor y un elenco cubanos crearon la primera estructura para llorar y soñar a través de una historia narrada en 314 capítulos, transmitidos diariamente, a la misma hora, todos los días: El derecho de nacer. Antes, en los inicios de los años treinta, aparecieron los primeros segmentos dramatizados, de breves espacios de 15 a 30 minutos, llamando la atención de los oyentes en varios países y que llevó al progreso de la adaptación. Se comenzaron a escribir guiones basados en historias de Julio Verne, Alejandro Dumas, Émile Zola, entre otros clásicos.

El atractivo era escuchar voces dramatizando la historia, con escasos efectos de sonido, que por primera vez permitían conocer la buena literatura también a los que no sabían leer. En Estados Unidos se hizo historia antes de 1940 cuando se adaptó a la radio La guerra de los mundos y miles de radioescuchas seguían las narraciones que afirmaban la toma del planeta Tierra por la invasión marciana. Se asegura que esto fue definitivo para entender la credibilidad que podía tener la radio.

También en los años treinta Venezuela tuvo las primeras historias originales que se conozcan en las radionovelas, al menos en castellano, entre las que se recuerdan La familia buche y pluma y El misterio de los ojos escarlata. Se narraba la realidad política haciendo uso del humor y la sátira. Pero es en La Habana donde se da forma a la estructura dramática de la radionovela, que se mantiene casi intacta hasta hoy en las telenovelas más vendidas del mundo en pleno siglo XXI, moviendo las emociones a través del amor, la traición, el triángulo amoroso, los villanos y los enamorados. Hace 80 años -el 3 de enero de 1937- Cuba estrenó la primera radionovela dramática de América Latina: Chan Li Po, del autor Félix B. Caignet.
En 1948, once años después, este escritor creó el primer suceso internacional de la radionovela: El derecho de nacer. El avance diario de cada capítulo cautivó al público latinoamericano como nunca antes había ocurrido con un programa de radio. Algunos cines suspendían en ese horario la película para garantizar que sus espectadores disfrutaran sin la preocupación de perder un episodio y se escuchaba por las bocinas de la sala el capítulo del día.


Con esta historia, desde hace 69 años, se definió la dramaturgia del guión que todavía siguen las telenovelas actuales, jugando con las identidades desconocidas de algún personaje, el suspenso ante lo que se descubrirá y la aspiración de conseguir una vida mejor a través del laberinto del amor y las relaciones humanas, con infidelidades, traiciones y pasiones, ruptura y entrega. Aunque en 1954 -hace 63 años- la televisora venezolana RCTV estrenó la primera telenovela bajo el título de su propio patrocinador Camay, transmitida en capítulos de 15 minutos y en vivo, Televisa se reconoce como la madre de las compañías productoras de historias dramáticas, a partir de Senda prohibida, de la escritora Fernanda Villeli, que salió al aire el 9 de junio de 1958- Han pasado 59 años.

Desde entonces, Televisa ha producido más de 800 telenovelas y ha llegado a 150 países, demostrando que las historias humanas son comunes a todos y que la actitud ante la Televisión casi es invariable de un extremo a otro del Planeta: queremos disfrutar del entretenimiento que nos haga viajar a través de nuestras emociones y sueños. Televisa a puesto al aire libretos de escritores de varios países, marcando especial énfasis en creaciones de escritores cubanos de todos los tiempos y adquiriendo derechos de originales radionovelas cubanas para convertirlas en éxitos televisivos. Pocos saben que muchas telenovelas de Televisa tienen su origen en Cuba.
La fuerza de la telenovela radica en su intensidad. La calidad de la imagen, los colores, los efectos visuales y el sonido redondearon una ficción que conmueve. La estructura dramática de las primeras telenovelas constituye todavía la esencia de casi cualquier programa de Televisión, incluyendo los deportes y los noticieros, donde el interés del televidente sólo se consigue cuando existe el conflicto de una historia que nos haga viajar a través de las emociones. La Televisión se parece cada día más a la vida. La vida sigue siendo una telenovela donde todos los días protagonizamos un capítulo del que desconocemos su desenlace final.

Las redes sociales y la diversidad de plataformas de entretenimiento multiplicaron nuestras opciones, pero cuando nos sentamos frente a la Televisión a ver una telenovela seguimos teniendo la ilusión de encontrar soluciones a los obstáculos personales que la misma existencia nos crea, como el mejor autor de nuestras vidas. Las telenovelas nunca desaparecerán de la vida latinoamericana. No podemos desprendernos de la esencia que constituye vivir. Las pasiones son un alimento espiritual capaz de posponer cualquier plan personal. Muchas de las llamadas series de Televisión actuales a las que tanto se hace referencia tienen una estructura melodramática de telenovelas aunque se disfracen de otro género.

Emocionarse es siempre la oportunidad de volver a sentir el derecho de llorar.

Por Alexis Núñez Oliva
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