La historia de la Televisión cubana es casi siempre un tema entre los que trabajamos en este medio en cualquier parte del mundo, porque se reconoce que Cuba marcó un rumbo en las telenovelas, en los programas de concurso, en la participación del público y en la forma cercana de hacer Televisión, además de haber sido el primero país con trasmisiones de Televisión, fuera de los Estados Unidos. A partir de enero de 1959, hace casi cincuenta años, esa Televisión se fue transformando en manos del Estado, en un intento —eso dijeron— por conseguir un medio más cultural y educativo. Como propuesta es interesante, pero en la realidad la hicieron aburrida y desterraron el primer objetivo de la Televisión: ser entretenida.

El entretenimiento de la Televisión cubana sufrió una censura sin límites y se convirtió en un medio de propaganda política y de movilización de masas, dejando fuera las tradiciones nacionales, las historias y conflictos de la vida real, la participación popular con programas en vivo, hasta perder la batalla como representación de una auténtica cultura isleña.
Todo ocurrió en un largo proceso de altas y bajas, donde las bajas fueron superando a las altas, hasta quedar anestesiada, sin la sensibilidad que demanda el público.

En los últimos años una ligera luz se asomó con algunas telenovelas y programas humorísticos que han abordado temas actuales y polémicos, pero estos espacios ocupan todavía muy poco tiempo en la programación, frente a todo lo demás que sigue siendo tedioso. También siguen ausentes los asuntos más inmediatos que la gente comenta en las esquinas y no encuentran espacios en la Televisión. El mayor daño está en la interrupción del oficio de hacer Televisión entretenida, que heredamos de los años cincuenta y hasta de inicios de los sesenta.
Confío en que todo se pueda volver a recuperar el día que la Televisión deje de ser tribuna. La Televisión cubana, excesivamente política, dejó fuera la participación de los artistas e intelectuales cubanos, que si bien tampoco son garantía para realizar producciones entretenidas, quizá al menos habrían mostrado una programación más colorida y alegre, para hablar en términos populares.
La Televisión es el antigobierno. Mientras que la política es sobriedad y solemnidad, la Televisión es entretenimiento y emociones. En el mundo, la Televisión sigue intentando parecerse cada vez más a la realidad. En Cuba, la tendencia ha sido que la realidad pueda parecerse a la Televisión, aunque ambos intentos siguen fallando.

Los latinoamericanos nacemos melodramáticos, nos gustan las historias y las tragedias, el ridículo ajeno, competir y ganar, y hasta disfrutamos cuando vemos perder a otro. La propuesta de hacer una Televisión culta la comparto -aunque todo es cultura- y me parece que puede perfectamente ligarse con el entretenimiento. Los mejores ejemplos están en canales de Televisión de paga, en programas como los que producen Discovery Channel o Animal Planet, o cualquier otro donde se mezclan conflictos, dramas, humor y cultura de una forma entretenida y emocionante.
En Cuba la Televisión se despojó de todo su lenguaje seductor, se alejó del público alegre, bailador y fiestero, para representar la realidad de los políticos y sus políticas, decidido por personas más atentas al qué no se puede decir que a todo lo que se necesita decir por Televisión.

Dejaron de trasmitir programas de concursos, enlaces en vivo de los carnavales y hasta lo más elemental: no pueden verse en directo espacios musicales, a pesar de que en La Habana casi a diario en algún lugar una orquesta ofrece un concierto y cientos bailan y sudan a su ritmo. La Televisión cubana se extravió en un callejón oscuro, y allí fue violada, ultrajada y usada. Ha deambulado por décadas como una señora divorciada, sin aspiraciones de volver a enamorarse, pensando que los demás no creen en ella.

Querían una televisión inmaculada y lograron con éxito que no se intoxicara de pésimas tendencias que se transmiten en otras partes del mundo. Pero el costo de ese acierto fue producir programas ajenos al lenguaje televisivo y dejaron fuera la capacidad de entretener. Esta decadencia es estrictamente conceptual y nada tiene que ver con disponibilidad de recursos. Es cierto que ha sufrido la escasez que se padece en Cuba, pero lo que más sufre es la manipulación política al mismo extremo que lo hace cualquier monopolio que no tenga escrúpulos.

En Cuba hay suficientes creadores entre actores, productores, directores y guionistas capaces de hacer y competir con programas entretenidos y de vanguardia, posiblemente con formatos desconocidos hasta hoy. En los años ochentas, en uno de esos intentos por buscar oxígeno, alguien dejó por descuido una puerta abierta y aparecieron conceptos novedosos y juveniles de la mano de directores -productores- como Eduardo Cáceres Manso, Pedraza Ginori, Tania Quintero, Julio Pulido, entre otros, que fueron mis primeros maestros de Televisión, aunque ellos no lo sepan aún.

He visto en los últimos meses una ligera preocupación por transmitir series y películas extranjeras con buenas historias, y aunque la motivación tiene su origen en competir con la Televisión clandestina, que muchos ven a escondidas con antenas y artefactos ilícitos, eso me hace pensar que desde el Poder se está comenzando a entender la gravedad de esas ausencias.
Falta ahora que escritores, directores y productores nacionales realicen programas similares partiendo de la realidad cotidiana, sin límites en las formas ni en los contenidos. Es sólo cuestión de abrir la cerradura, pero la llave la sigue teniendo el Estado y más de uno vigila hoy aquella puerta que alguna vez estuvo abierta.

El uso clandestino de antenas parabólicas y el trasiego de programas extranjeros, grabados y pasados de mano en mano en discos y cintas, como si se tratara de estupefacientes, bajo un sistema subterráneo de rentas y préstamos, es una muestra de que la Televisión entretenida es una necesidad en el ser humano, como lo puede ser el hábito de comer o dormir y que como el agua, lo inunda todo. Cientos de parabólicas escondidas a lo largo de toda la Isla son pancartas electrónicas de una manifestación en silencio que parece decir: yo veo lo que quiero, y no lo que quieren que yo vea.
El control remoto es una boleta electoral y los televidentes en Cuba han buscado la forma de emitir su voto para elegir lo que prefieren ver.

Producción De Televisión Local En Miami

La Televisión es o no entretenida, cumple o no sus objetivos, de acuerdo con el mercado y a la cultura que va dirigida. Puede o no gustarme la televisión que se hace en Miami, Barranquilla o Barcelona, pero hay que preguntarle a los televidentes que la ven. Si ellos la aceptan, seguramente cubre sus intereses estéticos y emocionales. En la ciudad de Miami he visto algunos programas bien diseñados y producidos con muy pocos recursos, lo que habla de ingenio de sus creadores y de las compañías que se esfuerzan localmente por competir frente a las grandes cadenas de Televisión. He visto también producciones escasas de imaginación, empobrecidas con guiones mal escritos y talentos poco entrenados para salir al aire. Pero ni las grandes cadenas se salvan de producir con baja calidad.
La Televisión en Cuba, que marcó estilos en la historia de los medios y creó el género de la telenovela, es hoy una señal aburrida y perdida que no ha conseguido reconciliarse con sus televidentes cubanos.

* Este artículo es una versión de la entrevista concedida a Michel Suárez, para Cubaencuentro.com en un análisis sobre la actual televisión que se produce en Cuba.

Por Alexis Núñez Oliva
Twitter: Alexis_N_Oliva / Facebook: Alexis Núñez Oliva / Instagram: Alexisnunezoliva
© Todos los Derechos Reservados a favor del Autor